200 años celebrando la Pascua del Señor

Carta de Monseñor Oscar Julio Vian por motivo del Bicentenario de Catedral

MENSAJE DE MONS. OSCAR JULIO VIAN MORALES

ARZOBISPO DE SANTIAGO DE GUATEMALA CON MOTIVO DEL BICENTENARIO DEL ESTRENO Y BENDICIÓN DE LA CATEDRAL METROPOLITANA DE SANTIAGO DE GUATEMALA

 

Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor:

 

1. “Qué alegría sentí cuando me dijeron: ¡Vayamos a la Casa del Señor! ¡Y hoy estamos, por fin, Jerusalén, pisando tus umbrales!” (Sal 121, 1-2). Con el mismo gozo del salmista, la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala se prepara a la celebración jubilosa del Bicentenario de su Catedral Metropolitana. En efecto, el primero de los templos de la Arquidiócesis fue estrenado y bendecido los días 15 y 16 de marzo de 1815, después de más de treinta años de construcción, con la deliberada intención de celebrar la Pascua del Señor de aquel año en el nuevo recinto. No fue éste, sin embargo, el primer edificio que albergó la Catedral. El primero, un sencillo templo en Almolonga, se abandonó en 1541 debido a la inundación provocada por el volcán de Agua; el segundo, ya en la ciudad de Santiago en Panchoy, fue demolido a partir de 1671 para construir un monumental templo barroco que, sin embargo, fue destruido por los terremotos de Santa Marta en 1773. El traslado de la ciudad al valle de la Virgen en 1776 hizo necesario un nuevo recinto catedralicio, que se fue construyendo, como la nueva ciudad, a fuerza de mucho trabajo y esfuerzo por parte de sus habitantes y que constituye hoy la sede de nuestra Iglesia Metropolitana.

 

2. “¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras…” (Sal 23, 3-4). Este aniversario histórico no podía pasar desapercibido para este servidor, cuya Cátedra se asienta en este hermoso templo, ni para la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala, pues nuestra Catedral Metropolitana es la Iglesia Madre de la comunidad de creyentes que peregrina en esta porción del pueblo de Dios. Por eso, me dirijo a todos ustedes para invitarlos a sumarse a la celebración gozosa de este aniversario, dando gracias a Dios por todos los beneficios recibidos durante estos 200 años de vida de nuestra Catedral. Al mismo tiempo, considero que éste es un tiempo de gracia para continuar con la renovación pastoral de nuestra Iglesia Arquidiocesana, la cual no tiene que ver únicamente con las estructuras, sino también y especialmente con la conversión y renovación interior, personal y comunitaria, que nos permita realizar nuestra vocación de pueblo de la Alianza, constituido por discípulos y misioneros enviados a llevar la alegre noticia de la salvación, dispuestos a dar razón de nuestra esperanza al enfrentar los grandes retos y desafíos que se nos presentan en el momento actual.

 

3. “Sobre Cristo, todo el edificio se va levantando bien estructurado, para formar el templo santo del Señor, y unidos a él también ustedes se van incorporando al edificio, por medio del Espíritu Santo, para ser morada de Dios”. (Ef 2, 19-22). La Catedral es la Iglesia del Obispo pues en ella está su cátedra; desde allí enseña, celebra y gobierna. En ella, los fieles se reúnen en torno a su pastor para celebrar la Eucaristía, fuente y cumbre de toda la vida cristiana. Es desde ella que se hace realidad la unidad y la comunión del Cuerpo de Cristo (cf. Rm 12, 4-8). En ella se realiza simbólicamente el encuentro del pastor con su grey, de modo que lo que sucede en este templo, corazón de la diócesis, se reproduce en cada Eucaristía celebrada en comunión con el obispo en cada una de las parroquias, rectorías y demás templos de la diócesis. En este sentido, la Catedral es un símbolo del pueblo de Dios, Iglesia de “piedras vivas” que profesa su fe y celebra los sacramentos de vida. Desde este lugar visible, los cristianos realizan un culto en espíritu y verdad que ha de llevar a la vivencia cotidiana de la fe más allá del recinto sagrado, para hacer presente el reino de Dios en todas partes. Y todo esto, en una fecunda continuidad entre la celebración de la fe en la liturgia y la vida cotidiana con todas sus alegrías y esperanzas, tristezas y fatigas, de manera que “no haya más divorcio entre fe y vida” (cf. Juan Pablo II, 7 de marzo de 1983).

 

4. “Yo los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración… porque mi templo será la casa de oración para todos los pueblos” (Is 56,7). La Catedral, como Iglesia Madre e ícono de identidad nacional, también nos recuerda que somos una comunidad que peregrina en esta nuestra hermosa y a la vez sufrida patria, Guatemala, en la esperanza de alcanzar la Jerusalén celestial. De allí que nos vemos congregados también para vivir y ser testigos de los valores del Evangelio en la construcción de la justicia y la paz, la lucha contra la violencia, la tutela y defensa de la vida en todas sus formas, la promoción de la dignidad de la persona humana y del bien común en la comunidad nacional de nuestro país multiétnico, plurilingüe y multicultural, en el diálogo, la solidaridad y el servicio a todos, especialmente a los más pobres y necesitados.

 

5. “…Porque ustedes también son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual…” (1 Pe 2,4-5). De la vivencia de la fe va surgiendo aquella “memoria viva” que, transmitida de padres a hijos y de comunidad a comunidad, va quedando plasmada en gestos y palabras, en costumbres y tradiciones, en expresiones y obras de arte. Por eso, la Catedral también es testimonio de la fe de nuestro pueblo y su patrimonio cultural y artístico manifiesta esa “pedagogía de la fe” que expresa, a través de la belleza y sensibilidad artísticas, la devoción y piedad de tantas generaciones de fieles. Se trata de un verdadero patrimonio evangelizador y catequético, de fe y de amor y que alienta nuestra esperanza. Es un patrimonio que ha enriquecido nuestras culturas con la luz del Evangelio y cuyas obras de arte son expresión de las aspiraciones espirituales de toda la humanidad.

 

6. “… Para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pe 2, 9). Al acercarnos a la conmemoración del bicentenario de nuestra Catedral Metropolitana, agradecemos a Dios por este hermoso templo, fruto de la fe, el esfuerzo y la caridad de tantos pastores y fieles cristianos que nos lo legaron. Para celebrar este acontecimiento, he convocado un AÑO SANTO JUBILAR que dará inicio, Dios mediante, con la apertura de la Puerta Santa, el 9 de diciembre del presente año y que concluirá con la celebración de un Congreso Eucarístico Arquidiocesano, en el mes de noviembre de 2015. Quiere ser este un tiempo de gracia para todos, de manera que cuantos viven en nuestra Arquidiócesis de Santiago de Guatemala, invitados a sumarse a este histórico aniversario, puedan acoger con mayor confianza el Evangelio de Jesucristo y su gracia. La comisión del Bicentenario de la Catedral propondrá para el efecto un programa de actividades, que incluye peregrinaciones y celebraciones jubilares así como otras actividades, con el objeto de que todos ahondemos en nuestras raíces y continuemos el proceso de renovación de nuestra iglesia particular, asumiendo un nuevo impulso evangelizador y misionero. Y para que este año se revista de la gracia de la Indulgencia Plenaria, elevaré una solicitud al Santo Padre, de modo que todos los feligreses que participen de este bicentenario tengan la oportunidad de beneficiarse del don de la misericordia que Nuestro Señor Jesucristo ha delegado a su Iglesia en la potestad petrina.

 

7. “Entonces María dijo: proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador…” (Lc 1,46-47). Nos ayude la presencia siempre tierna y cercana de María Santísima, Madre de Jesús y Madre nuestra. A ella, templo vivo de la Divinidad e imagen fidelísima del seguimiento de Cristo, encomiendo las celebraciones conmemorativas por estos doscientos años de nuestra Catedral Metropolitana, para que nos acompañe con su protección y brille en nuestro camino como signo de consuelo y de firme esperanza.

 

Santiago Apóstol, patrono de nuestra Arquidiócesis y de la Catedral, ¡ruega por nosotros!

 

La Nueva Guatemala de la Asunción, 7 de septiembre de 2014.

 

+ Oscar Julio Vian Morales, sdb
Arzobispo de Santiago de Guatemala